Necesitamos una estrategia industrial para liderar la descarbonización

27/09/2020

Atienza cree que energías como la fotovoltaica y la eólica pueden suponer para España una ventaja competitiva similar a la que Francia logró con la nuclear. «Es un cambio extraordinario», remacha, que solo puede culminarse con un fortalecimiento del tejido empresarial

BELÉN RODRIGO

Secretario general de Energía durante el último mandato de Felipe González y presidente de Red Eléctrica de España durante ocho años, Luis Atienza es uno de los grandes expertos en energía de nuestro país, con un perfil que aúna la experiencia institucional y la visión empresarial. El que también fuera ministro de Agricultura, compagina ahora la consultoría en asuntos energéticos con la presidencia de Argo Capital. Esta gestora impulsa un fondo de capital de riesgo especializado en invertir en pymes de la cadena de valor de la transición energética. Atienza se muestra convencido de la gran oportunidad que representa para España la descarbonización. Y aunque reconoce que hay una hoja de ruta y una estrategia definida para lograr los objetivos marcados en el horizonte 2030 y 2050, señala algunos aspectos que se deben todavía mejorar, como una estrategia industrial que permita liderar este cambio. Esta gran oportunidad debe traducirse también en un fortalecimiento del tejido empresarial.

—Llevamos muchos años hablando de la transición energética. ¿En qué momento está España en dicha transición?

—Está marcando su rumbo con los dos horizontes que se establecieron a nivel europeo: el horizonte 2030, tareas para esta década, y el del 2050, con el objetivo de alcanzar la plena descarbonización. Estamos con una trayectoria bastante definida y con la necesidad de fijar una estrategia de más largo plazo porque los cambios en el modelo energético precisan mucho tiempo de maduración y de ejecución. El sistema eléctrico tiene una gran inercia, tiene muchas inversiones en activos existentes que marcan la forma de producir y de consumir la energía para las próximas décadas. Es necesario trabajar con mucha anticipación para renovar nuestra forma de producir energía y para ir cambiando nuestra forma de consumir.

—¿Es un reto para España?

—Es un reto pero sobre todo una gran oportunidad. Somos un país sin combustibles fósiles, sin petróleo y gas, y hemos tenido que construir todo nuestro desarrollo importando esos combustibles fósiles, destinando todos los años una parte de nuestra renta a pagar a los países productores de esos combustibles. En los recursos renovables que se están revelando como los ganadores en la competitividad para las próximas tres décadas, estamos mejor situados que la media, que todos nuestros socios. No tenemos recursos fósiles pero sí mucho sol, más que la mayoría de nuestros competidores, y estamos muy bien dotados de viento, por nuestras condiciones geoclimáticas.

Tenemos esa gran oportunidad. Si nuestros costes de la energía descarbonizada van a ser menores, si hacemos las cosas bien, mejor que nuestros competidores, nuestros productos van a estar en mejores condiciones de competir y tendremos más facilidad para exportar, generar empleo y renta.

—Pero también habrá dificultades…

—Sí, hay retos muy importantes. Descarbonizar el sector eléctrico es complejo, cambiar el modelo de movilidad por uno nuevo más descarbonizado también, así como mejorar o renovar nuestros edificios… y hay que hacerlo bien para aprovechar este potencial extraordinario. Debemos ser conscientes de la oportunidad que es para nuestro país.

—¿Han cambiado las prioridades de la agenda política de los países por la pandemia?

—Hay elementos que juegan a favor de reforzar la transición energética y la sostenibilidad y hay también frenos. Juega a favor, desde el punto de vista sociopolítico, que hay una conciencia mayor social sobre los bienes públicos y sobre los riesgos asociados, que pueden ser riesgos extraordinarios para nuestra vida. Nos hace más sensibles a los riesgos asociados por no prestar mucha atención a crisis que percibíamos como muy remotas, como el cambio climático. La pandemia contribuye para que sea más importante ahora la calidad de vida, del aire, la protección de la naturaleza… Además la pandemia acelera los cambios tecnológicos que pueden ir a favor de la descarbonización, el teletrabajo, el desarrollo de la digitalización… Son elementos que juegan a favor.

—¿Será un sector decisivo para salir de la actual crisis?

—Las inversiones en descarbonización son muy útiles para reactivar la economía, implican inversión ahora para reducir el gasto futuro. Y, por otro lado, aprovecha los bajos tipos de interés actuales para financiar los proyectos y potenciar esa inversión en capital productivo. Es decir, contribuye a relanzar la actividad económica en un sentido sano, aumentando nuestro potencial productivo en inversión, que crea renta en el futuro aprovechando la liquidez. Es una gran oportunidad pero se debe traducir en fortalecimiento de nuestro tejido empresarial, que aprovechen la oportunidad. A priori estamos en condiciones de hacerlo. Es importante que nuestra industria del automóvil pueda aprovechar esa transformación, que esta industria sea capaz de participar activamente. Necesitamos una estrategia industrial para liderar la descarbonización.

—¿Los objetivos para el 2030 y el 2050 son realistas?

—En el horizonte 2030 hay algunos objetivos a priori más fáciles de conseguir y otros más complejos. En el ámbito de la descarbonización del sistema eléctrico, el objetivo es ambicioso, que el 74% de nuestra electricidad sea renovable en 2030, las 3/4 partes, a base de energía fotovoltaica y eólica, dos tecnologías y recursos donde somos muy competitivos. Pero eso tiene dificultades técnicas porque supone avanzar en sistemas de almacenamiento de ciclo diario como las baterías, pero también en sistemas de almacenamiento de ciclo más largo como los sistemas hidroeléctricos regulables, los bombeos, aumentar las interconexiones para compensar la variabilidad de la producción renovable en unas zonas de Europa respecto de otras… Con la regulación y las señales económicas adecuadas, las inversiones en renovables se van a hacer porque son una gran inversión para nuestro país. Nuestro sistema eléctrico basado en fotovoltaica y eólica en el horizonte 2030 va a ser mucho más barato que el sistema eléctrico europeo, del centro de Europa, porque somos más competitivos. Nuestra energía fotovoltaica y en cierto modo la eólica son nuestra nuclear francesa, o van a serlo. Las tecnologías van a hacer que el coste medio de nuestro parque de generación eléctrica sea más bajo que el coste medio de nuestros competidores europeos. Es una oportunidad, un cambio extraordinario.

—¿Dónde están las dificultades?

—Hay áreas más complejas, las inversiones en eficiencia energética, en renovación del parque de edificios existente para ser más eficiente, es más difícil de movilizar, pues la visibilidad económica sobre su rentabilidad es más difícil o no se percibe igual, y los actores que deben tomar las decisiones tienen información insuficiente. Es más fácil para los nuevos edificios que modificar el parque existente pero hay que hacerlo. Una de las tareas es aumentar la electrificación de nuestros consumos energéticos porque si estamos en condiciones de conseguir una descarbonización muy importante, no conseguimos avanzar en la descarbonización total si la electricidad sigue representando el 25% de nuestro consumo de energía. Si no conseguimos que la electricidad gane peso en el transporte, tenga más peso en la actividad industrial o en nuestros sistemas de calor y frío en los edificios, difícilmente conseguiremos descarbonizar estos sectores en los que los combustibles fósiles están fuertemente instalados. Se debe cambiar la movilidad para que entre en mayor medida la electrificación porque de lo contrario será difícil conseguir los objetivos. Y a pesar de todos los avances, hay algunos campos en los que el progreso tecnológico todavía no nos ha dado una respuesta eficiente, competitiva.

—¿Veremos un aumento del autoconsumo?

—El autoconsumo va a aumentar por un factor tecnológico y otro sociológico. La generación fotovoltaica es la gran ganadora desde el punto de vista tecnológico en estos momentos, la que más se ha abaratado en los diez últimos años. Y tiene economías de escala. El recurso solar es muy distribuido y favorece una generación muy dispersa y se combina con el hecho de que hay mucha gente que quiere ser protagonista de su propio abastecimiento energético. Eso va a favorecer las inversiones en autoconsumo. Vamos a ver un sistema de gestión de energía más descentralizado y mucho más cercano al consumidor de lo que era el sistema de generación de energía de combustibles fósiles, con mucha economía de escala y con recursos muy concentrados que llevaban a un sistema muy centralizado. El sistema de generación de energía basado en las renovables es un sistema que impulsa la descentralización.

—¿Las personas están concienciadas de la necesidad de esta transformación energética?

—Todavía estamos metidos en plena pandemia que acapara nuestra atención y nos crea incertidumbre. Estamos en cierto modo paralizados pero mi impresión es que la pandemia va a acelerar algunas tendencias de fondo más que frenarlas. La preocupación por la sostenibilidad y el cambio climático se recuperará con una gran intensidad. La pandemia nos ha devuelto la importancia de lo común. La modificación de la escala de valores de nuestras prioridades nos va a dejar un poso a favor del compromiso en la lucha contra el cambio climático. Y las decisiones gubernamentales en materia de descarbonización tienen que mirar muy bien cómo conseguir el máximo resultado con la menor absorción de recursos públicos que van a ser muy escasos. Debemos reflexionar sobre cuáles son las señales económicas o regulatorias que reduzcan la incertidumbre e incentiven las decisiones que hay que tomar. Ser más imaginativos.

—¿Hay una alternativa al coche eléctrico?

—No hay una alternativa en el horizonte de descarbonización del transporte de viajeros por superficie que no sea la electrificación. Quizás a largo plazo el hidrógeno verde, obtenido por electrólisis a partir de la generación eléctrica renovable, puede ser un vector importante para la descarbonización en sectores muy difíciles de electrificar. Porque las baterías no tienen la densidad energética para acumular grandes cantidades de energía para el transporte aéreo o marítimo. Pero desde el punto de vista de los coches, es la década de la movilidad eléctrica. Veremos millones de vehículos, espero que lleguemos a los cinco millones en el 2030, que será el 20% de nuestro parque y tendrá una gran importancia de nuestras ventas. No tengo dudas de que el nivel de progreso de las baterías, que ha alcanzado un umbral y tiene todavía recorrido, se va a acelerar en los próximo 3 o 4 años.

 

Luis Atienza Ex secretario general de Energía, expresidente de Red Eléctrica y presidente de Argo Capital

FUENTE: ABC Web PDF

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